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Salud bucal, importancia y consejo

El dolor dental es, sin duda, una de las causas más comunes de consulta al farmacéutico, frecuentemente debido a que el miedo, temor o fobia que siente el paciente hacia todo lo relacionado con el dentista (odontoestomatólogo) le retrae de tal forma que descuida por completo su boca.

Obviamente, el primer objetivo del farmacéutico en este aspecto es combatir dicho retraimiento y encauzar debidamente a estos pacientes hacia la consulta odontoestomato- lógica, para lo que es preciso que el farmacéutico explique con claridad los importantes riesgos que dicha intervención odontológica evitaría. Ello no impide que desde la farmacia puedan, adicionalmente, facilitarse algunas medidas para paliar el dolor y, especialmente, realizar un mantenimiento permanente de la higiene dental, fundamental para la prevención de la enfermedad periodontal.

Por su parte, son los pacientes con caries, enfermedad periodontal e infecciones odontógenas los que suelen visitar al odontólogo. A partir de los 35 años de edad, el 92-94 % de la población adulta tiene caries, y entre el 85% y el 94 % de la población española mayor de 35 años presenta algún problema relacionado con las encías. En todo caso, la higiene oral es una medida fundamental para la eliminación de la placa bacteriana y la prevención del proceso cariógeno y la patología periodontal.

Higiene

Entre las medidas de higiene oral o bucal más importantes y asequibles se encuentra el ce- pillado dental con o sin uso de la seda dental. El paciente debe ser instruido sobre la técnica correcta de cepillado dental, que puede incluir el cepillado dorsolingual.

El tipo de cepillo (tamaño y forma, consistencia de las cerdas, uso personal estricto para evitar contagios, renovación aproximada mensual), las maniobras de cepillado (manual o eléctrico en algunos pacientes con dificultades motoras), el tipo de pasta dentífrica (anticaries, de blanqueamiento, antihipersensibilidad dentinaria, etc.) y el uso de seda dental (tipo y grosor) u otros sistemas de higiene dental dependen de las características del paciente y deben ser aconsejados por el facultativo, el cual puede también recomendar medios auxiliares de higiene (como los colutorios), así como la conveniencia de higiene bucal por el odontoestomatólogo para realizar por ejemplo una tartrectomía mecánica (remoción mediante curetaje, ultrasónica, etc.) del tártaro o sarro dental, es decir, la placa bacteriana calcificada que se forma en la superficie dental y resulta visible cuando es supragingival, indicando al paciente la frecuencia o periodicidad con que debe someterse a limpieza dental (por ejemplo cada 6-12 meses) en función de sus características individuales, sobre todo según lo aconseje el resultado del examen de las encías (coloración normal o, por el contrario, enrojecimiento y sangrado) y del espacio subgingival (atención a la aparición de sarro). Debemos recordar que el uso indiscriminado o no controlado de antisépticos puede enmascarar la progresión de periodontitis coexistente con otras infecciones bucales leves.

Enjuagues

El colutorio es un lavado o enjuague de la boca con un medicamento en solución destinado a este uso. El enjuague bucal puede completarse o no con un gargarismo, maniobra que permite mantener un líquido en la garganta, con la cabeza echada hacia atrás, agitándolo por la contracción de los músculos del velo del paladar y la acción del aire espirado, aun- que el gargarismo está más específicamente indicado en las afecciones de la garganta, es decir faringoamigdalitis o incluso laringitis. No es infrecuente la impresión de una patología “bucofaríngea” en la que la afección de la cavidad orofaríngea tiene un carácter general y el objetivo es por tanto mejorar la infección y/o inflamación de la mucosa que tapiza esta cavidad de modo global mediante enjuagues y gargarismos.

Aunque el colutorio es una forma de administración de medicamentos bien conocida, conviene recordar y realizar algunas precisiones. Debe insistirse al paciente sobre el carácter tópico o local de la medicación y, por tanto, que no debe ingerirla o tragársela de forma voluntaria. Sin embargo, es inevitable la deglución de una pequeña cantidad del colutorio, lo cual no debe ser motivo de preocupación. El paciente debe comprender que para favorecer el contacto del producto con las superficies a tratar, el enjuague debe tener una duración mínima de 30 segundos antes de expulsarlo. Durante ese tiempo, el líquido debe movilizarse por la boca utilizando la musculatura de los carrillos. En ocasiones, si la adhesividad del producto es baja, se puede recomendar que el enjuague bucal se retenga durante un tiempo de hasta tres minutos (según las indicaciones de la ficha técnica y del prospecto). Alternativamente, puede recomendarse una mayor frecuencia de enjuagues al día.

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